Emprendedores pierden “la batalla” y cierran sus negocios a causa de alquileres elevados

Ana María García y su esposo decidieron abrir un restaurante en la zona del Hipódromo, cerca de la avenida Melchor Pérez de Holguín, con la firme determinación de convertir este emprendimiento en su principal sustento económico.

Con una vasta experiencia por haber trabajado en forma independiente en la venta de todo tipo de artículos desde hace más de dos décadas, la pareja de esposos hizo números, tomó en cuenta el alquiler del local en el que funcionaría el restaurante, el pago a la cocinera, la compra diaria de ingredientes y los otros gastos que debía erogar, y empezaron con esta empresa.

Sin embargo, cuatro meses después se veían obligados a cerrar el restaurante, porque “no había ganancias y casi todo se iba al alquiler del ambiente en el que funcionaba su emprendimiento.

La dueña de la casa donde funcionaba el restaurante empezó cobrándoles 1.500 bolivianos por mes y les subió el monto a 2.000 cuando se percató que la clientela empezó a incrementar, “de a poco”.

Lo que ocurrió con esta pareja de esposos, que inauguró su local de comida en abril de este año y lo cerró a fines de julio, sucede con muchos otros restaurantes, según información facilitada por la expresidenta de la Asociación de Empresarios de Restaurantes y Ramas Afines de Cochabamba (Aserac), Vivian Cardona.

Según Cardona, de todos los restaurantes que están afiliados a Aserac, solo entre el 20 y el 25% funciona en local propio, mientras que el resto tiene que alquilar un espacio.

Como antecedente para explicar la crisis en la que se debaten los restaurantes de Cochabamba, Cardona se remontó a la irrupción de la pandemia del coronavirus, en marzo de 2020, que provocó el cierre de sucursales y el consecuente despido de trabajadores.

La crisis por la pandemia, según Cardona, se ve agravada por el alto costo de los alquileres en Cochabamba, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en Santa Cruz, donde existen más facilidades para implementar un restaurante u otro local de comida.

“Algo que nos sorprende es que Cochabamba tiene los precios más altos cuando se trata de alquileres de espacios para restaurantes y otro tipo de negocios, lo que está provocando que muchos de los afiliados de Aserac tomen la determinación de migrar a Santa Cruz, donde ven mejores posibilidades de negocios y alquileres más accesibles en centros o plazas de comidas, además de venta de terrenos”, puntualiza Cardona.

Para abrir un restaurante, Cardona explica que los emprendedores obtienen préstamos bancarios y como no obtienen ganancias, especialmente a causa de los alquileres elevados y la falta de clientes, se ven obligados “a cerrar a los tres meses”.

Cardona considera que los alquileres que se cobran actualmente no “corresponden a la realidad” de la economía del departamento, por lo que propone pagar por metro cuadrado y de acuerdo a la zona, mediante el municipio, y que no se siga cobrando a “ojo de buen cubero”, es decir al cálculo y según la predisposición de los dueños de las viviendas o edificios.

Y si bien Cardona no dispone de datos precisos, calcula que al menos el 30% de los locales de comida han cerrado en los últimos dos años por falta de clientela y por el elevado gasto que implica los alquileres y el pago de servicios como la luz y el agua.

COMPETENCIA

En el caso de los esposos que abrieron un restaurante en la zona del Hipódromo y lo cerraron después de cuatro meses, Ana María García señala que cobraban por plato de almuerzo 15 bolivianos y, poco a poco, empezaron a ganar más clientes.

Sin embargo, a las pocas semanas abrieron otros dos negocios de venta de almuerzo y su clientela empezó a mermar, pero no por la mejor calidad de los almuerzos de los otros locales, sino por su menor precio.

Ana María puntualiza que los otros locales vendían el almuerzo completo en 12 bolivianos, hasta incluso en 10, y las personas “se iban más por el precio y no por la calidad”.

Un par de semanas después de haber cerrado su restaurante, en ese local se abrió una farmacia, pero que no duró más de dos meses, y ahora ese ambiente está ocupado por un local en el que se venden hamburguesas.

Ana María señala que, si se animara a abrir otro restaurante, lo haría en la zona norte de la ciudad, donde hay más movimiento económico y porque es posible cobrar 15 bolivianos o más por cada plato de almuerzo.

El cierre de negocios es tan frecuente en algunas zonas de la ciudad que los dueños de casas, pero solo algunos, se ven obligados a bajar el monto de los alquileres, “debido a que sus inquilinos cambian constantemente”, afirma por su parte Cardona.

OTROS CASOS

El elevado costo de los alquileres provoca que cada mes se cierren emprendimientos que se dedican a la venta de comida, ropa, juguetes, medicamentos, abarrotes y un sinfín de artículos.

Esta situación ocurrió con Margarita Rocha, quien inauguró una tienda de ropa en la calle 16 de Julio, cerca de la avenida Heroínas, y por más que persistió en mantener abierto este emprendimiento, su denuedo le duró solamente seis meses. Tuvo que cerrar a medio año de haber inaugurado este negocio que fue su sueño durante muchos años.

Margarita explica que ganaba apenas para pagar el alquiler de 300 dólares, los servicios de luz y agua y a la empleada que le ayudaba durante el día.

“No había ganancia, trabajaba solo para el dueño del local. Ahora sigo vendiendo ropa, pero llevo directamente a las oficinas de mis clientes, sin tener que pagar un alquiler, pero tengo que caminar más”, señala Margarita.

Lo que percibe ella es que en las tiendas de ropa que se cierran se vende prendería usada, porque los clientes compran más por su precio menor.

Varios de los propietarios de negocios que han cerrado a causa de los elevados alquileres que les cobraban los dueños de casa, se dedican a la misma actividad, pero ofreciendo sus productos mediante Facebook.

Ese es el caso, por ejemplo, de Julia S., quien señala que vende cosméticos y ropa mediante esta red social y cita a sus clientes en plazas, donde les entrega la mercadería.

“Así me libero del pago de alquileres, no tengo la obligación de erogar para el salario de nadie y ahora me alcanza hasta para ahorrar”, afirma Julia, quien cerró su local hace un poco más de un año, y finaliza que se quitó “un peso de encima”.

//Opinión

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